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Los niños estan la mayoria de su tiempo mirando la televisión, entretenidos en los video juegos. Muchas veces su conducta es modificada por los mensajes que estan recibiendo por estos medios y los padres no se dan cuentan del impacto negativo.  Se preguntan y dónde aprendió, qué le pasará. En este estudio que aparece a continuación puede contestarte algunas de tus interrogantes, Observen, lean, analizen y saquen sus propias conclusiones. !Sé que será de gran ayuda!  Recuerda como dice la palabra de Dios “escudriñarlo todo y retened lo bueno”.

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Disciplina

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Niños obesos

Qué provoca la obesidad infantil

El consumo de ‘dietas occidentales’ es una de las causas de la obesidad en niños; más del 60 por ciento de los menores de EU padecen este mal.

Una de las principales causas de la obesidad infantil es el consumo de dietas “occidentales”, que impulsan a los niños a comer en exceso, afirmó un estudio.

La investigación, publicada por la revista “Nature Clinical Practice Endocrinology & Metabolism”, indicó que el tipo de manufactura de alimentos ha creado “un ambiente tóxico”, que ha condenado a los niños a ser obesos.

La obesidad se ha convertido en una epidemia en Estados Unidos, donde, según los Centros para el Control de Enfermedades, más del 60 por ciento de la población sufre ese problema.

Por otra parte, según los Institutos Nacionales de la Salud, el número de niños que sufre de obesidad se ha duplicado en las últimas tres décadas y uno de cada tres tiene sobrepeso.

El problema tiene un alto costo médico, por cuanto, según los estudios, la obesidad y el sobrepeso son las principales causas de las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y algunos tipos de cáncer.

Según Robert Lustig, autor del estudio y profesor de pediatría clínica del Hospital Infantil de la Universidad de California, la epidemia del sobrepeso, especialmente entre los niños, será difícil de resolver.

Será necesario que se reconozca la susceptibilidad biológica y la responsabilidad social y se haga menos hincapié en la responsabilidad personal, para que se resuelva el problema que agobia a los niños, señaló.

“Nuestro ambiente alimentario occidental se ha hecho altamente ‘insulinogénico”, manifestó. Los alimentos tienden a tener mayor contenido graso, de fructosa y menos fibra, explicó.

“En particular la fructuosa es demasiada y la fibra es insuficiente, parecen ser los factores cruciales de esta epidemia de obesidad, debido a su efecto en la insulina”, añadió.

Los cambios en el procesamiento alimentario de los últimos 30 años, en particular la mayor cantidad de azúcar agregada a alimentos que nunca antes la habían tenido y la eliminación de la fibra en otros, han creado “un ambiente en el que nuestros alimentos son esencialmente adictivos”, señaló.

Lustig manifestó que no se puede achacar responsabilidad personal a los niños por su comportamiento dietético, en el que consumen “comida rápida” abundante en azúcar y desprovista de fibra.

“El concepto de responsabilidad personal no es aplicable a los niños, pues ninguno elige ser obeso”, indicó.
El investigador añadió que los niños tampoco, son responsables de los alimentos que reciben en el hogar y la escuela.

Falta de sueño provoca obesidad infantil

El aumento de la obesidad en los niños puede deberse a que no duermen bien; se recomienda eliminar de los dormitorios celulares, TV y juegos electrónicos.

El aumento de la obesidad en los niños puede deberse a que no duermen el tiempo suficiente, según un informe divulgado por la revista “Archives of Disease in Childhood”.

Según Shahrad Taheri, investigador del Instituto Wellcome de la Universidad de Bristol (Reino Unido), la mayor causa del problema es el creciente acceso a computadoras, teléfonos celulares y juegos electrónicos y recomienda eliminarlos del dormitorio.

Taheri agrega que su investigación ha confirmado que cuanto menos tiempo duerme un niño mayores son las alteraciones de su metabolismo, lo cual aumenta su obesidad, la resistencia a la insulina y el riesgo de diabetes y enfermedades cardiovasculares.

El facultativo cita un estudio que indica que la falta de sueño a los dos años y medio está estrechamente vinculada a la obesidad a los siete años de edad.

Otras investigaciones han señalado que los niveles de leptina, una hormona producida por los tejidos grasos cuando la energía es baja, eran un 15 por ciento menores en niños o adolescentes que duermen cinco horas en comparación con aquellos que duermen al menos ocho.

La falta de sueño da hambre

De la misma forma, una hormona secretada por el estómago para transmitir la sensación de hambre era mayor en casi un 15 por ciento en aquellos que sólo duermen cinco horas.

Según el investigador, el problema se ha convertido en un círculo vicioso: la falta de sueño produce fatiga, lo cual reduce la actividad física, lo que induce un menor gasto de energía, obesidad y ganas de dormir.

Taheri manifiesta que los mecanismos de la obesidad son muy complejos y tal vez la falta de sueño no sea la única razón del problema de la obesidad, que en EU se ha convertido en una epidemia.

No obstante, recomienda que debe promoverse el buen dormir de los niños así como la eliminación del dormitorio de cualquier aparato electrónico y la restricción de su uso.

Riesgo de accidentes, cansancio y cambios de humor

En cuanto a los adultos, ya el pasado año un grupo de científicos comprobó que la falta de sueño en las personas parece asociada a problemas de sobrepeso y obesidad, aparte de otros males vinculados con el cansancio como un mayor riesgo de padecer accidentes laborales y de tráfico, así como cambios de humor.

Un tiempo de sueño recomendable para aquellas personas con sobrepeso sería permanecer unos veinte minutos más de lo habitual en la cama cada noche, según la investigación, cuyas conclusiones desaconsejan sin embargo excederse demasiado durmiendo porque eso también tendría efectos negativos para quien quiera adelgazar.

En su trabajo, publicado en una de las revistas de JAMA, en “Archives of Internal Medicine”, los científicos, dirigidos por Robert D.Vorona, del Eastern Virginia Medical School, de Norfolk, analizaron la asociación entre el tiempo dormido por varias personas durante veinticuatro horas y la masa corporal de cada una de ellas.

El estudio se llevó a cabo porque el problema de la obesidad continúa aumentado en Estados Unidos, cuyos habitantes tienden a dormir cada vez menos, mientras que sus cuerpos van haciéndose más corpulentos y pesados.

En el mismo participaron mil una personas, clasificadas en los grupos de peso normal, sobrepeso, obesidad y obesidad severa, que tuvieron que completar un cuestionario relacionado con demografía, problemas médicos, hábitos y desórdenes de sueño. Los científicos comprobaron que el tiempo total de sueño disminuía en proporción al aumento de masa corporal, excepto en los casos de obesidad severa.

Los hombres durmieron una media de 27 minutos menos que las mujeres, y los participantes con sobrepeso y obesos durmieron menos que los que tenían una masa corporal normal. La diferencia en el tiempo total dormido entre los pacientes con masa corporal normal y el resto era dieciséis minutos por día, lo que se eleva a un total de 112 minutos al cabo de la semana.

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Siete recomendaciones claves para corregir las groserías y pataletas en los niños

 

Berrinches y palabras soeces son algunos hábitos que adquieren los niños y a los que muchos padres no dan importancia, les parece gracioso o simplemente no utilizan los métodos adecuados para corregirlos. Y, por el contrario, deben estar atentos para orientarlos.

Habrá momentos durante el desarrollo en los que los padres deben poner límites claros y firmes cuando el niño está explorando su entorno.
Entre los 12 a 18 meses, dependiendo del pequeño, los niños van logrando un desarrollo cognoscitivo que les permite hacer cada vez más actividades. Caminan, piden las cosas y poco a poco asumen una posición que demuestra un creciente nivel de independencia.

En esta etapa y hacia los dos años, el niño comienza con las famosas pataletas y berrinches que representan un reto de paciencia para los padres. Estos momentos son normales entre los 12 meses y 5 años de edad, y aunque no representan una grosería en sí mismos, se deben manejar adecuadamente para evitar que se agudicen o se transformen en dificultades disciplinarias.

“El comportamiento impulsivo del niño es una conducta que, dentro del desarrollo emocional, es normal, porque los niños son muy inmaduros y todavía no tienen la relación razón-comportamiento, razón-emoción. Pero cuando ellos encuentran un factor incontrolable en su entorno, entonces el problema se agrava”, explica el sicólogo Luis Alberto Rengifo, especialista en niños y adolescentes.

En los casos en los que las pataletas se salen de las manos, es aconsejable que los padres consulten un especialista en sicología infantil. abc

Grosería verbal
Es frecuente que cuando los pequeños ingresan a la escolaridad o tienen contacto con otros niños, empiecen a manifestarse con palabras consideradas como groserías. Según la sicóloga infantil Paula Andrea Bernal, “usualmente los niños las escuchan y no tienen conocimiento de que son palabras ‘malas’, pero observan que tienen gran impacto en el entorno”.

Algunas veces la grosería verbal está asociada a la pataleta. “Cuando el chico grosero hace berrinche, lo acompaña con malas palabras porque él sabe que esta se encuentra asociada con el acto, porque él lo ha visto y escuchado en el ambiente que lo rodea”, explica Rengifo.

Es importante que los adultos actúen como mediadores con sus pequeños para que aprendan a regularse y a utilizar un vocabulario aceptable para manifestar su frustración, tristeza o rabia. Si le prohibie decir esa palabra y se molesta cada vez que el pequeño la pronuncia, él seguirá diciéndola por ese impacto que genera entre los adultos.

¿Por qué son groseros?

La principal causa de las groserías en los pequeños es porque las escuchan de niños más grandes o de los adultos. Se debe tener en cuenta que cuando se pronuncian, siempre se está en un momento de alteración y es frecuente que los niños las digan para ver si ellos pueden obtener el mismo resultado y llamar la atención de los adultos.

Para demostrar independencia. Los niños están tratando de probar que ellos son seres independientes de sus padres, y que éstos no pueden controlar todo lo que ellos dicen, quieren y hacen.

Para imitar lo que ven en la televisión o en el cine. Los niños son fácilmente afectados por el ambiente. Si ellos tienen este ‘modelo’, lo más seguro es que tiendan a imitarlo.

Cómo corregirlos
1. Averiguar las razones por las cuales utiliza las groserías o actúa de manera grosera.
2. Converse con el pequeño. “Hable del por qué la gente dice groserías, defina cuáles son las malas palabras, y explíquele por qué no son aceptadas en su familia. Aclárele cuáles serán las consecuencias por decirlas y aplíquelas la próxima vez”, aconseja la sicóloga Paula Bernal.
3. Cuando tengan pataletas o digan groserías, no hay por qué agredirlos, pues ellos pueden desarrollar una serie de comportamientos negativos. El sicólogo Luis Alberto Rengifo explica que “si los padres son buenos modelos, no necesitan castigar. Si los niños se comportan dependiendo de la actitud de papá o mamá, entonces por qué castigar algo que ellos mismos han generado”. Tampoco los discrimine, pues se pueden mostrar aislados o inhibidos al hablar. Y nunca festeje o tome en chiste la grosería, pues ellos lo tomarán del mismo modo.
4. Se deben fijar límites. Explíquele al niño que hay palabras que no deben usar los niños, existen otras que pueden sustituir a las vulgares y que hay algunas que son bastante desagradables de escuchar.
5. Además de conversar, sobre todo en los niños más pequeños, se debe actuar. Háblele y luego actúe de acuerdo con lo dialogado. Bernal resalta que “lo más importante es reconocer las emociones del niño y validar el que todos podemos sentirnos molestos o tristes, pero que existen formas socialmente aceptadas para expresarse”.
6. Aplique algunos costos de acuerdo con la conducta del menor. Es decir, fije controles y castigos, sin necesidad de maltratarlo, pues él entenderá que un acto negativo lo lleva a perder un tiempo de diversión, alguna actividad favorita, etc.
7. Refuerce el buen comportamiento. Cuando un niño responda a la ira de una forma apropiada, asegúrese de reconocérselo.

Por Karen Johana Sánchez
Redactora ABC del bebé

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